Pregúntale a alguien qué está trabajando y obtendrás una pausa y luego dos títulos: la pieza que abrió ayer y la que lleva medio aprendiendo desde la primavera. Todo lo demás se ha ido deslizando del atril en silencio. No es pereza. Sin una lista escrita, tu repertorio es simplemente aquello que tus manos alcanzaron esta semana.
La pieza que no tocaste es la que estás perdiendo
La música se desvanece con educación. Una pieza que tocabas con soltura en marzo no anuncia que se está yendo: solo arranca un poco más lenta y se vuelve un poco menos segura en la parte central. Seis semanas después te sientas a tocarla para alguien y descubres que ya no está. No del todo, pero lo suficiente para incomodar.
Lo frustrante es lo poco que habría hecho falta para conservarla. Cinco minutos por semana suelen bastar para mantener una pieza aprendida. Pero no puedes dedicar cinco minutos a algo que has olvidado que sabes.
Un repertorio es una decisión, no un inventario
Escribir tus piezas suena a contabilidad. En realidad es lo contrario: obliga a elegir. Una vez que la lista existe, tienes que mirarla y decidir qué se queda, qué se termina y qué puedes abandonar sin remordimiento.
Ese último permiso pesa más de lo que parece. Casi todos arrastran dos o tres piezas por culpa: empezadas con entusiasmo, encalladas en una página difícil, nunca abandonadas oficialmente. No ocupan tiempo de estudio, pero sí un espacio mental sorprendente. Tachar una es un alivio de verdad.

Cada pieza en su propia línea, con las horas que de verdad le has dado.
Las horas por pieza dicen la verdad
Una lista de repertorio se vuelve interesante en el momento en que le añades tiempo. No una nota ni un porcentaje: solo las horas que realmente has dedicado a cada pieza.
Los números casi siempre sorprenden. La pieza que consideras tu proyecto principal tiene once horas; el estudio que vives como una obligación tiene veintiséis. Y descubres que el pasaje difícil que evitas ha recibido nueve minutos de atención en un mes, lo que explica bastante.
En Go Practice Music cada sesión queda registrada en la pieza que estabas tocando, así que las horas se acumulan solas. En unas semanas la lista deja de ser un plan y se convierte en un registro. Uno honesto.
Tres estantes: aprender, pulir, mantener
Un repertorio útil está ordenado, no solo enumerado. Bastan tres grupos.
Aprender es el trabajo de verdad: una o dos piezas, no más. Se llevan la mayor parte de la sesión y toda tu atención lenta y cuidadosa. Pulir reúne las piezas que puedes tocar enteras pero que aún no interpretarías: les falta tempo, regularidad, seguridad en las costuras. Mantener es tu repertorio tocable: piezas que puedes abordar ahora mismo. Necesitan mantenimiento, no trabajo, y una pasada semanal suele bastar.
El desequilibrio que casi todos descubren: cinco piezas en el estante Aprender y ninguna en Mantener. Esa es la forma de un estudio que siempre parece lleno y nunca parece terminado.
Cómo construir la tuya esta semana
Siéntate con tu instrumento y escribe todo lo que puedes tocar, o casi tocar, sin consultar nada. Diez minutos, sin corregirte. Después añade las piezas que estás aprendiendo y las que querías aprender y nunca empezaste.
Repártelas en los tres estantes y sé implacable con Aprender: elige dos. Las demás no se pierden, esperan. Por último, pon al menos una pieza en Mantener, aunque sea algo sencillo que aprendiste hace años. Tener algo que puedes tocar a petición, sin preparación, cambia tu relación con tu propio tocar más que cualquier avance técnico.
Qué cambia después de un mes
Al principio, poco. Luego notas que ya no abres las mismas dos piezas por reflejo, porque la lista está ahí y tiene opinión. Notas que las piezas terminadas siguen terminadas, porque cinco minutos de mantenimiento caben con facilidad. Y notas que, cuando alguien te pregunta qué estás trabajando, tienes respuesta.
Es algo pequeño, pero señala algo mayor. Un repertorio es la prueba de que tu estudio lleva a alguna parte: no solo horas acumuladas, sino piezas que sabes tocar de verdad, escritas donde puedes verlas crecer.
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